‘Tu trabajo no va a gustar aquí. Eres muy venezolano’. Hoy George Harris pone a reír a Miami

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El comediante venezolano George Harris considera que muchos personas se conectan con su estilo de humor porque comparten experiencias como inmigrantes.

El comediante venezolano George Harris considera que muchos personas se conectan con su estilo de humor porque comparten experiencias como inmigrantes.

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Cuando George Harris llegó a Estados Unidos fueron sus propios compatriotas los que le metieron el miedo en el cuerpo.

“No creo que tu trabajo vaya a gustar aquí. Eres muy venezolano. Te tienes que quitar esas palabras como ‘chévere’ y ‘cambur’ porque nadie te va a entender”, le decían los que también le aconsejaban que hablara con “acento neutro”.

Qué inmigrante, y especialmente, qué artista no se identifica con esa anécdota. Quién no se quedó un poco chiquitico ante tamaña amenaza a la identidad. Si para alguien el plátano es un “cambur” y todo lo bueno es “chévere”, no va a dejar de serlo de la noche a la mañana.

“Somos nosotros quienes ponemos las barreras, quienes decimos que no nos van a entender, pero cómo entendíamos a Cantinflas. ¿Es que él tenía un don especial? ¿Cómo entendíamos a El Chavo del Ocho, cómo entendíamos a Susana Giménez?”, dice Harris en entrevista con el Nuevo Herald.

Por suerte George Harris es humorista y cualquier cosa que valga una buena carcajada sobre los cambios que enfrentan los emigrantes termina como material de uno de sus monólogos.

“Mi público al principio eran 10 personas, por eso siempre le digo a la gente cuando emigra a este país: no te rindas”, afirma el comediante, que en esos tiempos actuaba en la sala Catarsis de la Calle Ocho y cuando lograba convocar a 20 personas era una buena noche.

Hoy tiene millones de seguidores en las redes sociales y 300,000 subscriptores en su canal de YouTube, donde transmite El show de George Harris, que describe como “diversión y reflexión”.

Atrás quedaron los tiempos en que se iba con una montaña de flyers para repartirlos en El Arepazo, y la gente cuando veía la foto junto al anuncio de su show, decía: ‘Ah, pero este eres tú’. Después de múltiples presentaciones en varios clubes y teatros de Miami, la mayoría de los hispanos saben quién es George; han reído con sus chistes, y también llorado.

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Un micrófono espera por George Harris en el escenario de Flamingo Theater Bar

Esther Medina

El Nuevo Herald

“Lo que más me vale en mi trabajo es que la gente se conecte. A veces me dicen: ‘Ay, yo te quiero dar un beso, un abrazo, porque te siento parte de mi vida’, y es que con mi cuento sienten que le están contando su propia historia”, señala.

Esa empatía que establece es parte de un entrenamiento profesional, pero también de un aprendizaje personal.

“No soy el mismo que salió de Caracas en el 2011. Soy otra persona, con más sabiduría, con más cancha, y eso uno lo demuestra en el escenario y la gente lo nota”, reconoce.

En la misma sala Catarsis donde al principio lo venían a ver unos pocos, llegaron a hacerse filas para su espectáculo.

“Un día me agarró una señora por la pechera y me dijo: ‘Si yo no entro, tampoco entras tú’ ”, contó.

La señora había venido de vacaciones y quería ver el show. De la demanda surgió la idea de hacerlo por internet, cuenta Harris.

Así consiguió la verdadera “globalización”, de la que ya se hablaba cuando estudiaba Comunicación Social en los años 1990 en Venezuela.

“Ser global entonces era trabajar en la TV, en la radio, pero eso tenía un límite. Ser global hoy es estar en YouTube. Menos en China, el planeta entero te ve”, comenta.

En los momentos más difíciles, ya sea históricos, como una guerra, o personales, como un divorcio, la gente quiere divertirse, opina.

“La gente no busca el drama, sino que quiere desconectar, y eso es lo que trato de hacer con mis show, reírnos de lo que nos pasa”.

Obtener reconocimiento por lo que hace, llenar salas en Miami –una ciudad dificilísima, como la califica–, en Buenos Aires, Chile o Madrid lo enorgullece. También recibir el cariño de sus compatriotas en una calle de una ciudad que no es la suya, que lo reconozcan, lo paren y se emocionen cuando al saludarlos escuchen el acento venezolano.

“Que la gente te diga que la acompañas en sus momentos malos: la supervivencia de un cáncer, el divorcio, la soledad, todos esos casos en los que el humor pueda acompañarte y ser un bálsamo en tu vida, me llena de orgullo”, concluye.

Este artículo forma parte del proyecto “Risas en tiempo de crisis”, en el que participan Esther Medina, Matías Ocner, Marta Oliver Craviotto, Eliane Gallero, Alcides Ponce y Mary Grillet.

Sarah Moreno cubre temas de negocios, entretenimiento y tendencias en el sur de la Florida. Se graduó de la Universidad de La Habana y de Florida International University.





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